miércoles, 13 de enero de 2016

Dogmas de razón

Cuando terminé la licenciatura en Química decidí que abandonaba mi carrera para dedicarme a la música (en realidad lo decidí antes, pero me faltaban sólo 7 materias y me esperé hasta terminar). La ciencia me llena intelectualmente, pero el arte lo hace intelectual, emocional y espiritualmente. 

Para bien o para mal, mi formación inicial como investigador (en el área de Electroquímica Analítica, para los que tengan la inquietud de saberlo) disciplinó y educó a mi conflictiva mente analítica, y desde entonces me dedico a buscar patrones en todo lo que me rodea (hay quienes me molestan diciendo que soy como los personajes de las películas "Pi, el orden del caos" o "Una mente brillante"), además de objetar todo lo que se desvía de lo ideal o que actúa en detrimento de la calidad de las cosas (los mediocres se ven más afectados y prefieren llamarme "negativo").

Como sea, en mi tesis escribí un prólogo en el que, de alguna manera, me justificaba por ese paso, por dejar la ciencia e irme al arte. Una parte del mismo decía:

 “… hemos llegado al punto de hacer arte con la ciencia; de hecho es difícil distinguir hasta dónde podemos ser artistas que trabajan con ciencia (y tecnología) y hasta dónde científicos que trabajan con arte. Sin embargo, por una especie de ‘miopía intelectual’ que no alcanzo a comprender, a los científicos les encanta sumergirse en los fascinantes abismos de la abstracción, adornándose con la terminología más sofisticada, tratando de resolver paradójicos problemas que después ofrecen como respuesta alguna dicotomía, dejando muchas veces de analizar fenómenos por discutir conceptos (y por lo tanto el uso de palabras) y se les olvida que a veces hay que dejarse impresionar y admirar, simplemente, la belleza del proceso…” 

 Obviamente a nadie le gustaba lo que decía, excepto por una maestra que era parte de mis sinodales. Desde entonces he tenido que vivir con las consecuencias de esa esquizofrénica situación que me hace demasiado artista para ser científico y demasiado científico para ser artista. A esto se le suma mi interés por la espiritualidad (con base en experiencias personales), completando la tríada de mis intereses en la vida, y nuevamente la ciencia era el componente que creaba disonancia. Con cierta esperanza idealicé una especie de "tierra prometida" en la que llegará un día en que la ciencia y la religión hablen el mismo idioma, y aunque la confluencia es evidente entre la espiritualidad y las implicaciones profundas de la mecánica cuántica, lo cierto es que aún falta mucho para alcanzar esa utopía. 

 Pero la ciencia también se basa en la fe sobre muchas teorías y modelos que resultan "adecuados" o convenientes para explicar o describir cierto comportamiento o los resultados registrados de la medición de una manifestación física; con el tiempo resulta que se desmiente el "conocimiento universal" y se aceptan nuevas teorías y modelos que más adelante pueden tener el mismo destino, porque en esencia, en la mayoría de los casos, nadie ha visto aquello que se está tratando de justificar.  

Alguna vez escribí que realmente nadie ha visto ni a dios ni a los quarks, y pienso que esas teorías son los "dogmas de razón" que constituyen el sistema de creencias de la ciencia. Alguien puede objetar diciendo que no son inamovibles como los dogmas de fe de la religión, y eso es cierto, por algo se van modificando, pero... por un lado, esos conceptos que ahora consideramos equivocados se tomaron por "verdades" en su tiempo y se defendieron como tales, y por otra parte, la historia tiene registrado cómo se resistió la comunidad científica ante las innovaciones de los "rebeldes", como Nikola Tesla en el electromagnetismo, Neils Bohr en la física cuántica, Alfred Werner en la química inorgánica, etc. 

 La soberbia de los científicos que practican la doctrina llamada 'cientificismo' les hace creer que están calificados para juzgar y evaluar todas las áreas de experiencia y conocimiento de la humanidad desde la comodidad de su propio dominio, pues no tienen la humildad para adentrarse a conocer las condiciones en un medio ajeno al suyo. Es como juzgar los usos y costumbres esquimales desde el código moral de nuestra sociedad, por ejemplo. 

 Lo que termina ocurriendo es que esos cientificistas se empeñan en argumentar neciamente la falta de "justificación científica", y dejan de considerar los resultados de la parte pragmática, fenomenológica, y en ese momento traicionan su postura científica. 

 Es muy común que al hablar de Astrología (la otra disciplina de conocimiento que he estudiado), la gente de inmediato objete diciendo "¿qué bases científicas hay para ello?", ¡cuando ni siquiera son científicos!, como si la ciencia tuviera la razón absoluta de todo lo que propone, además de que seguramente muchas personas no entenderían las "razones científicas" en la mayoría de los casos. Sin ir más lejos, cuando explico las razones por las que dos estilos de cerveza son diferentes (sí, también a eso me dedico), la gente tiene esa cara de "no entiendo nada de lo que estás diciendo", ahora imaginen lo que sucedería si se les explica el experimento que le da a Bohr la razón sobre Einstein... 

Pero como comentaba, piden justificaciones científicas para validar lo que afirma la Astrología y dejan de ver el HECHO de que un desconocido puede explicar o inferir características psicológicas o situaciones en una persona o en una pareja a partir de interpretaciones en un sistema simbólico personalizado, y en muchas ocasiones utilizando textos que escribió alguien en otro tiempo, en otro lugar, hasta en otro idioma, y que jamás se imaginó que algún día, en algún lugar, existirían las personas involucradas en este caso. 

 Yo hasta uso un ridículo ejemplo para esto: 
Supongan una tirada de fantasía en el billar (digamos, en el juego "Bola 8") en el que una bola golpeará a otra que correrá de frente, esquivará a otra trazando un semicírculo para continuar su trayectoria original, y después dará un súbito giro de 90° para empujar la bola 8 a la buchaca y ganar la partida. Al realizar la tirada, todo sale tal y como lo he descrito, pero la bola giró antes y no llegó a la número 8; nótese que sí hizo un semicírculo para rodear a la bola que estorbaba y giró súbitamente en un ángulo de 90°... a pesar de eso, el (pseudo) científico dice "¿lo ves? es imposible, te faltaron 15cm". 

 Recuerdo una escena de la película “Contacto”, basada en el libro de Carl Sagan, en donde supuestamente la protagonista tuvo una experiencia de 14 horas que documentó con una cámara de vídeo, pero que para los observadores en la Tierra duró sólo unos segundos, y uno de los personajes le dice a otro “el punto aquí no es sí la cámara grabó estática, ¡sino que grabó 14 horas de estática!”.

El HECHO es irrefutable, y sin embargo debaten apasionadamente para rechazar la justificación o los fundamentos. ESO NO ES LO QUE HACE UN AUTÉNTICO CIENTÍFICO. Yo he visto como algunos tratan de encontrar, especulando, un modelo que pueda explicar los resultados obtenidos en sus propios experimentos, si no es que son cálculos teóricos únicamente. Y no es que esto no sea válido, pero si lo es para la ciencia entonces también para cualquier otra disciplina cognoscitiva.

Quisiera citar un comentario de Stephen Hawking, tomado de su libro ''Brief history of time'', con respecto a la confirmación de las predicciones de la Teoría de la Relatividad General sobre las desviaciones de la luz en el espacio exterior: ''...los errores eran tan grandes como el efecto que se trataba de medir. Sus medidas habían sido o un caso de suerte, o un caso de conocimiento del resultado que se quería obtener, lo que ocurre con relativa frecuencia en la ciencia...''
Este fue un caso en el que los científicos, al menos aquellos que buscan explicar lo inexplicable en su momento, aceptaron los resultados, los hechos, las mediciones (incluso con errores), a pesar de que esa nueva concepción del Universo (un espacio curvo de cuatro dimensiones) no tenía entonces una teoría completa y totalmente verificada, ni aceptada ampliamente por los físicos y matemáticos más conservadores de su tiempo; y apenas unos años más tarde, irónicamente, el mismo Eisntein sería el detractor de la teoría cuántica defendida por Bohr, Schrödinger, Heisenberg y otros científicos, legando el famoso comentario acerca de su resistencia a creer en un dios que jugara a los dados.

Es posible que en este momento no podamos encontrar una explicación satisfactoria que relacione la mecánica celeste con el simbolismo astrológico, pero sólo los necios evaden los hechos. Los necios refutan las interacciones energéticas entre cuerpos celestes dentro de nuestro sistema solar pero aplauden la aseveración de interacción a distancia en puntos distantes del universo entre partículas subatómicas. Los necios difaman a las experiencias que sugieren manifestaciones "paranormales" de energía pero desconocen o ignoran las consecuencias de los experimentos de la física cuántica que han dado lugar a la creación de la metafísica. Y la lista de ejemplos sigue y sigue...

Para terminar quiero citar, con mi propia traducción, un par de párrafos del libro “Physics and philosophy: the revolution in modern science” de Werner Heisenberg, que espero que les de mucho en qué pensar a quienes consideran que la ciencia es infalible y totalmente apegada a la realidad “objetiva”:

 "Durante los meses siguientes a esas discusiones (en el otoño de 1926 entre Bohr, Schrödinger y un grupo de físicos de Copenague) un estudio intensivo de todas las preguntas concernientes a la interpretación de la teoría cuántica finalmente llevó a una completa y, como muchos físicos creen, satisfactoria aclaración de la situación. Pero no era una solución que uno pudiera aceptar fácilmente."

"Recuerdo discusiones con Bohr que duraban muchas horas hasta muy tarde en la noche y terminaban casi en la desesperación; y cuando al final de la discusión iba solo a una caminata en un parque cercano me repetía una y otra vez la misma pregunta: ¿Es posible que la naturaleza sea tan absurda como nos parece en esos experimentos atómicos?"


(Heisenberg y Bohr)